funde-logo.png

Institución  investigadora y formuladora de políticas socioeconómicas para el desarrollo de la población en El Salvador

El planeta tierra pide auxilio

Por Ismael Merlos
Área de Desarrollo Territorial

Fundación Nacional para el Desarrollo (FUNDE)


El uso irracional y destructor de los recursos naturales (suelo, agua,  bosques, ecosistemas), la agricultura intensiva con alto uso de agroquímicos y  el cambio climático, están causando la desertificación de la tierra. Se estima que el 25% del área terrestre del planeta está altamente degradada o presenta altos índices de degradación,  y que durante los últimos 40 años, se ha perdido alrededor de un tercio de la tierra cultivable a nivel mundial por la erosión; y continúa perdiéndose una media de más de 10 millones de hectáreas por año.

Grandes extensiones de tierra se están transformando en desiertos en donde cada vez más se dificultará cosechar alimentos y agua.  Las perspectivas de vida actual y futura de la humanidad y de los  ecosistemas son inciertas.

El año 2017 fue el año más cálido registrado en la historia de la tierra. El calentamiento de nuestro planeta plantea profundos riesgos a mediano y largo plazo para la vida y existencia de la civilización humana  y de la naturaleza.

En los últimos 40 años, América Latina perdió el 83% de las poblaciones de peces, aves, mamíferos, anfibios, reptiles y otras especies.  El 60% del total de los servicios ecosistémicos de la tierra están degradados. Esto constituye una pérdida irreparable de la biodiversidad de los ecosistemas que sustentan la vida humana en el planeta tierra.

El 40% de la población mundial (más de 2.800 millones de personas) habita en regiones con escasez de agua, y se estima  que para el año 2030 la demanda de agua dulce en el mundo será un 40% superior a la oferta y disponibilidad de agua, y que para el año 2050 dos tercios de la población mundial (5.300 millones) podrían vivir en condiciones de estrés hídrico.

La humanidad  se enfrenta al acaparamiento de tierras que se ha profundizado y agravado en los últimos años. Las empresas transnacionales continúan acaparando tierras para desarrollar plantaciones monocultivistas  para sus agro-negocios, (palma aceitera, caña de azúcar, hule y otros),  así como instalación de mineras y represas  hidroeléctricas a gran escala. La instauración y desarrollo de estas actividades extractivistas reduce cada vez más las áreas de cultivo de alimentos en pequeña escala, lo cual impacta en los derechos a la tierra, a la  alimentación, el agua y la vida, y empobrece aún más a las familias rurales de las regiones afectadas. El acaparamiento de tierras es acompañado en muchas regiones con el acaparamiento del agua, incluidos ríos y otras fuentes, desplazando a las comunidades rurales de las tierras en donde habitan, de sus viviendas y del agua. 

Las prácticas y tecnologías inadecuadas de cultivo que en el planeta se utiliza para producir alimentos, las prácticas de ganadería extensiva, la desforestación,  la aplicación de inmensas toneladas de plaguicidas, residuos tóxicos y desechos petroleros y mineros, han degradado los suelos cultivables y están agotando este bien indispensable para la vida de las especies humana, animal y vegetal.

Las actuales prácticas destructivas deben ser cambiadas de manera inmediata y radical, por prácticas regeneradoras y protectoras de los ecosistemas. Si los cambios no suceden, poblaciones humanas de muchas partes del mundo estarán cada vez más expuestas a sufrir graves situaciones de hambre, sequías, migración, entre otros problemas.

Los gobiernos deben superar la ceguera respecto a las condiciones de depredación y degradación de los recursos naturales,  definir políticas y destinar los recursos técnicos y financieros necesarios para poner fin a los procesos degradantes y destructivos de dichos recursos. Las sociedades también estamos obligadas a asumir responsabilidad en el cuido de la naturaleza y sus recursos,  y trabajar por un planeta tierra vivo,  productivo  y resiliente, que viabilice la existencia y la vida de las actuales y futuras generaciones.

Cada segundo cuenta, no podemos esperar más, es momento de actuar.


La tierra, recurso vital e insustituible para la vida de la humanidad

La tierra es la principal fuente de vida de la humanidad, provee casi el 100% de los alimentos y el 100% del agua de consumo humano y de riego, el aire, el oxígeno, la madera y otros bienes. La tierra y los suelos sanos almacenan y purifican el agua. Una hectárea de suelo puede contener hasta 3.750 toneladas de agua.

La tierra es el pilar fundamental para la vida y la economía de la humanidad. No obstante, la contaminamos, la deforestamos, la degradamos y la destruimos. Se estima que durante los últimos 40 años, se ha perdido alrededor de un tercio de la tierra cultivable a nivel del planeta debido a la erosión, y que durante los últimos diez años se han destruido aproximadamente 5.2 millones de hectáreas de bosque por año.

La tierra y el agua son recursos naturales en los que radica la esperanza de producción y acceso a alimentos, sin embargo, mientras que la población crece y demanda más agua y alimentos, la tierra disponible para cultivos se reduce día a día. Organizaciones del sistema de Naciones Unidas estiman que la población actual de 7.600 millones de personas, aumentará a 8.600 millones en el año 2030, a 9.800 millones en el año 2050, y a 1.200 millones en el año 2100.


“La tierra le ha dado y le da vida a la humanidad, hoy la tierra  pide que la humanidad le devuelva vida y no la deje morir”.

Ismael Merlos

Fundación Nacional para el Desarrollo (FUNDE)

 

Google Analytics Alternative